LIBRO IV – Misterios divinos y postrimerías

LIBRO IV – MISTERIOS DIVINOS Y POSTRIMERÍAS

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO I. – ProemioCAPÍTULO II. – Qué es la generación, la paternidad y la filiación en DiosCAPÍTULO III. – El Hijo de Dios es DiosCAPÍTULO IV. – Qué opinó Fotino sobre el Hijo de Dios, y su refutaciónCAPÍTULO V. – Opinión de Sabelio sobre el Hijo de Dios, y su refutaciónCAPÍTULO VI. – Opinión de Arrio acerca del Hijo de DiosCAPÍTULO VII. – Refutación de la opinión de Arrio sobre el Hijo de DiosCAPÍTULO VIII. – Solución a las autoridades que invocaba Arrio en su favorCAPÍTULO IX. – Solución a las autoridades invocadas por Fotino y SabelioCAPÍTULO X. – Razones contra la generación y procesión divinasCAPÍTULO XI. – Cómo ha de entenderse la generación en Dios, y lo que se dice en las Escrituras sobre el Hijo de DiosCAPÍTULO XII. – En qué sentido se llama Sabiduría al Hijo de DiosCAPÍTULO XIII. – No hay más que un Hijo en la divinidadCAPÍTULO XIV.– Solución de las razones invocadas antes contra la generación divinaCAPÍTULO XV.– Existencia del Espíritu Santo en la DivinidadCAPÍTULO XVI. – Razones por las que algunos creyeron que el Espíritu Santo era una criaturaCAPÍTULO XVII. – El Espíritu Santo es verdadero DiosCAPÍTULO XVIII. – El Espíritu Santo es una persona subsistenteCAPÍTULO XIX. – Cómo hay que entender lo que se dice del Espíritu SantoCAPÍTULO XX. – Efectos atribuidos en las Escrituras al Espíritu Santo con relación a toda criaturaCAPÍTULO XXI. – Efectos atribuidos al Espíritu Santo en la Sagrada Escritura en orden al hombre y referentes a cuanto nos da Dios liberalmenteCAPÍTULO XXII. – Efectos atribuidos al Espíritu Santo en cuanto que mueve la criatura hacia DiosCAPÍTULO XXIII. – Solución de las razones aducidas antes contra la divinidad del Espíritu SantoCAPÍTULO XXIV – El Espíritu Santo procede del HijoCAPÍTULO XXV.– Argumentos de los que intentan demostrar que el Espíritu Santo no procede del Hijo, y solución de los mismosCAPÍTULO XXVI. – En Dios no hay más que tres personas: Padre, Hijo y Espíritu SantoCAPÍTULO XXVII. – Sobre la encarnación del Verbo, según la tradición de la Sagrada EscrituraCAPÍTULO XXVIII. – Del error de Fotino acerca de la encarnación.CAPÍTULO XXIX. – Del error de los maniqueos acerca de la encarnaciónCAPÍTULO XXX. – Del error de Valentín acerca de la encarnaciónCAPÍTULO XXXI. – Del error de Apolinar acerca del cuerpo de Cristo.CAPÍTULO XXXII. – Del error de Arrio y de Apolinar acerca del alma de CristoCAPÍTULO XXXIII. – Del error de Apolinar, quien dijo que Cristo no tuvo alma racional, y del error de Orígenes, que afirmaba que el alma de Cristo fué creada antes del mundoCAPÍTULO XXXIV. – Del error de Teodoro de Mopsuestia y de Nestorio acerca de la unión del Verbo con el hombreCAPÍTULO XXXV. – Contra el error de EutiquesCAPÍTULO XXXVI. – Del error de Macario de Antioquía, que puso en Cristo una sola voluntadCAPÍTULO XXXVII. – Contra los que dijeron que el alma y el cuerpo no constituyen un todo único en CristoCAPÍTULO XXXVIII. – Contra los que defienden dos supuestos o dos hipóstasis en la persona única de CristoCAPÍTULO XXXIX. – El sentir de la fe católica sobre la encarnación de CristoCAPÍTULO XL. – Objeciones contra la fe de la encarnaciónCAPÍTULO XLI. – Cómo se ha de entender la encarnación del Hijo de DiosCAPÍTULO XLII. – La asunción de la naturaleza humana convenía primordialmente al Verbo de DiosCAPÍTULO XLIII. – La naturaleza humana asumida por el Verbo no existió antes de la asunción, sino que fué asumida en la concepción mismaCAPÍTULO XLIV. – La naturaleza humana asumida por el Verbo fué perfecta en la concepción misma, tanto en cuanto al alma como en cuanto al cuerpoCAPÍTULO XLV. – Convino que Cristo naciera de virgenCAPÍTULO XLVI. – Cristo nació del Espíritu SantoCAPÍTULO XLVII. – Cristo no fué Hijo del Espíritu Santo según la carneCAPÍTULO XLVIII. – No se debe decir que Cristo sea criaturaCAPÍTULO XLIX. – Solución de las razones expuestas anteriormente contra la encarnaciónCAPÍTULO L.– El pecado original se transmite por nuestro primer padre a la posteridadCAPÍTULO LI. – Objeciones contra el pecado originalCAPÍTULO LII. – Solución a las objeciones expuestasCAPÍTULO LIII. – Razones con que parece probarse que no fué conveniente que Dios se encarnaraCAPÍTULO LIV. – Fué conveniente que Dios se encarnaseCAPÍTULO LV.– Solución de las razones expuestas antes contra la conveniencia de la encarnaciónCAPÍTULO LVI. – De la necesidad de los sacramentosCAPÍTULO LVII. – De la distinción de los sacramentos de la antigua y nueva LeyCAPÍTULO LVIII.– Del número de los sacramentos de la nueva LeyCAPÍTULO LIX. – Del bautismoCAPÍTULO LX.– De la confirmaciónCAPÍTULO LXI. – La eucaristíaCAPÍTULO LXII. – Del error de los infieles acerca del sacramento de la eucaristíaCAPÍTULO LXIII. – Solución de las dificultades anteriores, y en primer lugar las referentes a la conversión del pan en el cuerpo de CristoCAPÍTULO LXIV. – Solución a lo que se objetaba por parte del lugarCAPÍTULO LXV. – Solución a lo que se objetaba por parte de los accidentesCAPÍTULO LXVI. – Solución a lo que se objetaba por parte de la acción y de la pasiónCAPÍTULO LXVII. – Solución a lo que se objetaba por parte de la fracciónCAPÍTULO LXVIII.– Solución de la autoridad alegadaCAPÍTULO LXIX. – De qué pan y vino haya de hacerse este sacramentoCAPÍTULO LXX. – Del sacramento de la penitencia, y en primer lugar la cuestión de que los hombres, después de recibir la gracia sacramental, pueden pecarCAPÍTULO LXXI.– El hombre que peca después de recibir la gracia sacramental, puede convertirse mediante la graciaCAPÍTULO LXXII. – De la necesidad de la penitencia y de sus partesCAPÍTULO LXXIII. – Del sacramento de la extremaunciónCAPÍTULO LXXIV.– Del sacramento del ordenCAPÍTULO LXXV.– De la distinción de las órdenesCAPÍTULO LXXVI.– De la potestad episcopal y del jefe único que ha de tenerCAPÍTULO LXXVII.– Los sacramentos pueden ser dispensados por ministros malosCAPÍTULO LXXVIII. – Del sacramento del matrimonioCAPÍTULO LXXIX. – La resurrección de los cuerpos será realizada por CristoCAPÍTULO LXXX. – Objeciones contra la resurrecciónCAPÍTULO LXXXI. – Solución a las objeciones anterioresCAPÍTULO LXXXII. – Los hombres resucitarán inmortalesCAPÍTULO LXXXIII. – En los resucitados no tendrán lugar el comer ni el goce sexualCAPÍTULO LXXXIV. – Los cuerpos de los resucitados serán todos de la misma naturalezaCAPÍTULO LXXXV. – Los cuerpos de los resucitados tendrán otra disposición que la actualCAPÍTULO LXXXVI. – De la cualidad de los cuerpos glorificadosCAPÍTULO LXXXVII. – Del lugar de los cuerpos glorificadosCAPÍTULO LXXXVIII.– Del sexo y edad de los resucitadosCAPÍTULO LXXXIX. – De la cualidad de los cuerpos de los condenados al resucitarCAPÍTULO XC. – Cómo padecerán las substancias incorpóreas a causa del fuego corpóreoCAPÍTULO XCI. – Las almas consiguen el castigo o premio inmediatamente después de su separación del cuerpoCAPÍTULO XCII. – Las almas de los santos, después de la muerte, tienen la voluntad inmutable en el bienCAPÍTULO XCIII. – Las almas de los malos, después de la muerte, tienen la voluntad inmutable en el malCAPÍTULO XCIV. – De la inmutabilidad de la voluntad en las almas detenidas en el purgatorioCAPÍTULO XCV.– De la inmutabilidad de la voluntad en todas las almas después de la separación del cuerpo en generalCAPÍTULO XCVI. – Del juicio finalCAPÍTULO XCVII. – Del estado del mundo después del juicio

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