LIBRO II – La creación y las criaturas

LIBRO II – LA CREACIÓN Y LAS CRIATURAS

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO I.– Conexión de lo que sigue con lo anteriorCAPÍTULO II. – La consideración de las criaturas es útil para instruirse en la feCAPÍTULO III. – El conocimiento de la naturaleza de las criaturas sir- ve para destruir los errores que haya acerca de DiosCAPÍTULO IV. – Distinto modo de considerar las criaturas el filósofo y el teólogoCAPÍTULO V. – Orden de los tratadosCAPÍTULO VI. – Compete a Dios el ser principio del ser de todo lo demásCAPÍTULO VII. – En Dios hay potencia activaCAPÍTULO VIII. – La potencia de Dios es su substanciaCAPÍTULO IX. – La potencia de Dios es su acciónCAPÍTULO X. – Cómo se atribuye la noción de potencia a DiosCAPÍTULO XI. – De Dios se predica algo en relación a las criaturasCAPÍTULO XII. – Las relaciones atribuidas a Dios en orden a las criaturas, no son reales por parte de Dios.CAPÍTULOS XIII y XIV. – Cómo se predican tales relaciones de DiosCAPÍTULO XV. – Dios es causa de todo cuanto existeCAPÍTULO XVI. – Dios produjo las cosas en el ser de la nadaCAPÍTULO XVII. – La creación no es movimiento ni mutaciónCAPÍTULO XVIII. – Solución de las objeciones contra la creaciónCAPÍTULO XIX. – En la creación no hay sucesiónCAPÍTULO XX. – Ningún cuerpo puede crearCAPÍTULO XXI. – Crear es exclusivo de DiosCAPÍTULO XXII. – Dios todo lo puedeCAPÍTULO XXIII. – Dios no obra por necesidad de naturalezaCAPÍTULO XXIV. – Dios obra sabiamenteCAPÍTULO XXV. – Qué cosas no puede el OmnipotenteCAPÍTULO XXVI. – El entendimiento divino no esta limitado a determinados finesCAPÍTULO XXVII. – La voluntad divina no está coartada a determinados efectosCAPÍTULOS XXVIII y XXIX. – En qué sentido cabe encontrar razón de débito en la producción de las cosas.CAPÍTULO XXX. – Cómo puede darse en las cosas la necesidad absolutaCAPÍTULO XXXI. – No es necesario que haya habido siempre criaturasCAPÍTULO XXXII.– Razones que, partiendo de Dios, aducen los que quieren probar la eternidad del mundo.CAPÍTULO XXXIII.– Razones que, partiendo de las criaturas, aducen los que quieren probar la eternidad del mundo.CAPÍTULO XXXIV.– Razones para probar la eternidad del mundo por parte de la misma acción productivaCAPÍTULO XXXV. – Solución de las razones antes puestas, y primeramente de aquellas que se aducían por parte de DiosCAPÍTULO XXXVI. – Solución de las razones aducidas por parte de las cosas hechasCAPÍTULO XXXVII. – Solución de les razones que se aducían por parte de la producción de las cosasCAPÍTULO XXXVIII. – Razones con las que algunos se empeñan en demostrar que el mundo no es eternoCAPÍTULO XXXIX. – La distinción de las cosas no es casualCAPÍTULO XL. – La materia no es la primera causa de la distinción de las cosasCAPÍTULO XLI.– La distinción de las cosas no depende de la contrariedad de los agentesCAPÍTULO XLII. – La causa primera de la distinción de las cosas no depende del orden de los agentes secundariosCAPÍTULO XLIII. – La distinción de las cosas no es resultado de agente segundo alguno que introduzca en la materia formas diversas.CAPÍTULO XLIV. – La distinción de las cosas no procedió de la diversidad de méritos o deméritosCAPÍTULO XLV. – Cuál sea la verdadera causa primera de la distinción de las cosasCAPÍTULO XLVI. – Fué conveniente para la perfección del universo que hubiese criaturas intelectualesCAPÍTULO XLVII. – Las substancias intelectuales tienen voluntadCAPÍTULO XLVIII.– Las substancias intelectuales obran con libertadCAPÍTULO XLIX. – La substancia intelectual no es cuerpoCAPÍTULO L.– Las substancias intelectuales son inmaterialesCAPÍTULO LI. – La substancia intelectual no es forma materialCAPÍTULO LII. – En las substancias intelectuales creadas difieren el ser y lo que es
CAPÍTULO LIII. – En las substancias intelectuales creadas hay acto y potencia
CAPÍTULO LIV.– No es lo mismo estar compuesto de substancia y ser que de Materia y forma

CAPÍTULO LV. – Las substancias intelectuales son incorruptiblesCAPÍTULO LVI.– De qué modo la substancia intelectual puede unirse al cuerpoCAPÍTULO LVII. – Opinión de Platón sobre la unión del alma intelectual con el cuerpoCAPÍTULO LVIII. – La nutritiva, la sensitiva y la intelectiva no son tres almas en el hombreCAPÍTULO LIX. – El entendimiento posible del hombre no es una substancia separadaCAPÍTULO LX. – El hombre no recibe la especie del entendimiento pasivo, sino del entendimiento posibleCAPÍTULO LXI.– La opinión anterior es contra la sentencia de AristótelesCAPÍTULO LXII. – Contra la opinión de Alejandro Afrodisio sobre el entendimiento posible
CAPÍTULO LXIII. – El alma no es el temperamento, como dijo Galeno
CAPÍTULO LXIV. – El alma no es la armoníaCAPÍTULO LXV. – El alma no es cuerpoCAPÍTULO LXVI. – Contra los que opinan que el entendimiento y el sentido son una misma cosaCAPÍTULO LXVII. – Contra los que opinan que el entendimiento posible es la imaginaciónCAPÍTULO LXVIII. – De qué modo la substancia intelectual puede ser forma del cuerpoCAPÍTULO LXIX. – Contestación a los argumentos con que arriba se prueba que la substancia intelectual no puede unirse al cuerpo como formaCAPÍTULO LXX. – Según lo dicho por Aristóteles, debe afirmarse que el entendimiento se une al cuerpo como formaCAPÍTULO LXXI. – El alma humana se une inmediatamente al cuerpoCAPÍTULO LXXII. – El alma está toda en todo el cuerpo y toda en cualquiera de sus partesCAPÍTULO LXXIII.– El entendimiento posible no es único para todos los hombresCAPÍTULO LXXIV. – Sobre la opinión de Avicena, que dijo que las formas inteligibles no se conservan en el entendimiento posible.CAPÍTULO LXXV. – Respuesta a los argumentos que parecen probar la unidad del entendimiento posibleCAPÍTULO LXXVI. – El entendimiento agente no es una substancia separada, sino algo del almaCAPÍTULO LXXVII. – No es imposible que el entendimiento posible y el agente convengan en la única substancia del almaCAPÍTULO LXXVIII. – Aristóteles no sentenció que el entendimiento agente es una substancia separada, sino que propiamente es algo del almaCAPÍTULO LXXIX. – El alma humana no se corrompe al corromperse el cuerpoCAPÍTULOS LXXX y LXXXI. – Razones para probar que el alma se corrompe al corromperse el cuerpo y refutación de las mismas.CAPÍTULO LXXXII.– Las almas de los animales brutos no son inmortalesCAPÍTULO LXXXIII. – El alma humana comienza a existir con el cuerpoCAPÍTULO LXXXIV. – Solución de los argumentos propuestosCAPÍTULO LXXXV. – El alma no es de la substancia divinaCAPÍTULO LXXXVI. – El alma humana no se comunica por transmisión seminalCAPÍTULO LXXXVII. – El alma humana existe por creación divinaCAPÍTULO LXXXVIII. – Razones para probar que el alma humana procede del semenCAPÍTULO LXXXIX. – Solución de las objeciones anterioresCAPÍTULO XC.– Sólo al cuerpo humano se une la substancia intelectual como formaCAPÍTULO XCI. – Algunas substancias intelectuales no están unidas a los cuerposCAPÍTULO XCII. – De la muchedumbre de las substancias separadasCAPÍTULO XCIII. – No hay muchas substancias separadas de la misma especieCAPÍTULO XCIV. – La substancia separada y el alma no son de la misma especieCAPÍTULO XCV. – De dónde toman género y especie las substancias separadasCAPÍTULO XCVI. – Las substancias separadas no toman el conocimiento de lo sensibleCAPÍTULO XLVII. – El entendimiento de la substancia separada está siempre entendiendo actualmenteCAPÍTULO XCVIII. – Cómo entiende una substancia separada a la otra.CAPÍTULO XCIX. – Las substancias separadas conocen lo materialCAPÍTULO C. – Las substancias separadas conocen lo singularCAPÍTULO CI. – Si las substancias separadas conocen todo a la vez con conocimiento natural

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