CAPÍTULO 25: Difunden que los mensajeros del anticristo son principalmente los religiosos que predican

CAPÍTULO 25

Difunden que los mensajeros del anticristo son principalmente los religiosos que predican

Veamos ahora quiénes dicen que son los causantes de los peligros de los últimos tiempos. Los llaman mensajeros del anticristo. Seguidamente se describe su modo de proceder en el desarrollo del tema.

Según dicen, una cosa es cierta: esos seductores no serán ni bárbaros, ni gentiles ni judíos. Esto es contrario a lo que está escrito: Seducirá a los habitantes de los cuatro puntos [cardinales] de la tierra, a Gog y a Magog (Ap 20,7). Acerca de esto dice la Glosa: Seducirá primero a Gog y Magog, como la letra dice, y mediante su cooperación hará lo mismo con el resto del mundo. Hay otra exposición según la cual en Gog y Magog están designados todos los perseguidores que ocultan al diablo dentro de sí y que terminan lanzándose a una persecución abierta. Así, pues, a pesar de lo que éstos dicen, los bárbaros no quedan excluidos de la persecución.

Siguiendo el razonamiento, dicen que [los mensajeros del anticristo] serán cristianos, alegando en este sentido las palabras se presentan con apariencia de piedad (2 Tim 3,5). La Glosa aclara diciendo: O sea, de religión cristiana. Y dice esto, hablando de aquellos que harán inminentes los peligros de los últimos tiempos. Pero cometen el error de presuponer que los vicios señalados por el Apóstol han de estar todos en las mismas personas; son vicios repartidos entre unos y otros. No se requiere, por tanto, que todos aquellos que contribuyan a los peligros de los últimos tiempos se presenten con apariencias de piedad; basta que esto ocurra en algunos. En la Iglesia primitiva los apóstoles sufrían persecución de parte de los fieles y de los infieles, como se ve por 2 Cor 11,26: Peligros de parte de los falsos hermanos.

Prosiguen diciendo que estos mensajeros del anticristo no se encontrarán entre los manifiestamente malos. Pero esto es contrario a la Glosa acerca del Salmo 82: ¿Quién, oh Dios, semejante a ti?, la cual expone todo el Salmo referido a la persecución del anticristo; entre otros ministros del anticristo, dice que ‘filisteos’ son los que están embriagados con la lujuria de las cosas seculares. Por su parte, Gregorio, exponiendo las palabras de Job (30,1) ahora incluso los jóvenes se burlan de mí, dice que éstas son palabras de la Iglesia oprimida por sus enemigos en los últimos tiempos, y añade: Antes toda su fuerza me parecía nada, y de la vida misma eran considerados indignos. Después esto mismo, junto con otras muchas cosas, lo entiende de quienes son manifiestamente malos y de quienes viven con criterio carnal.

Dicen también que parecidos ministros del anticristo serán encontrados entre quienes tienen apariencia de buenos. En este sentido alegan las palabras guardaos de los falsos profetas (Mt 7,15), y otras «autoridades» semejantes. Pero, aunque hayan de vivir en el futuro ministros como éstos, de quienes el anticristo se servirá para seducir, no se hace exclusión de otros: como también en tiempo de la Iglesia primitiva los fieles sufrían la persecución de unos y de otros. La afirmación de que, para poder seducir, se requiere ser aparentemente bueno, es falsa: son muchos más los seducidos por las delicias de este mundo y por los tormentos que los engañados bajo apariencia de honradez.

Dando otro paso, dicen que los mensajeros del anticristo serán encontrados entre quienes se dedican a los estudios de humanidades. Pretenden probarlo a base de las palabras: los que están siempre aprendiendo, pero que no llegan nunca al conocimiento de la verdad (2 Tim 3,7). Pero esta prueba no presta servicio alguno. Son palabras que se refieren más a mujercillas seducidas que a hombres seductores, como el texto mismo lo da a entender. Y, aun dado que haya de ser referido a hombres seductores, afectaría a quienes, dedicándose al estudio, apartan a otros de la verdad de la fe: como quedó dicho anteriormente.

Pretenden demostrar esto mismo por lo que, acerca de las palabras mi enemigo me miraba con ojos aterradores (Job 16,10), dice Gregorio: Así como la verdad encarnada, en su predicación, escogió a pobres u hombres sin cultura y sencillos, así, en sentido contrario, el anticristo, para proclamar su falsedad, habrá de escoger a los astutos, a los que profesan la doblez y poseen la ciencia de este mundo. Quiénes sean estos predicadores letrados que el anticristo enviará, Gregorio lo expone inmediatamente después, partiendo de las palabras el cual envía sus legados por el mar en barcas de juncos (Is 18,2). Dice así: Envía sus legados por el mar, porque reparte sus predicadores por el mundo. En barcas de juncos sobre las aguas. Barcas de juncos son los corazones de los doctores seculares [apegados a lo secular]. Enviar legados en barcas de juncos sobre las aguas significa centrar la propia predicación en lo que se ajusta a las ideas de sabios carnales y dirigir la llamada a pueblos de costumbres pecaminosas. Por lo tanto; predicadores del anticristo son aquellos letrados que, viviendo mundanamente, arrastran al pueblo hacia los goces mundanos. Sin embargo, aunque los letrados causen los peligros del anticristo, no se sigue que esto lo hagan ellos solos.

Desde aquí dan un paso más. Los mensajeros del anticristo estarán entre aquellos letrados, cuyo consejo es considerado precioso, máximo y óptimo, como si el consejo fuese dado por Dios, de acuerdo con lo que se dice sobre Ajitófel (2 Sam 16,23). Dicen que Ajitófel representa a los seductores de los tiempos finales de la Iglesia, porque Ajitófel primero estuvo con David y después con Absalón. De manera semejante, éstos estarán primero con Cristo y después con el anticristo. Con esto se relaciona lo que está escrito: Se presentan con apariencias de piedad. Hombres de mentalidad perversa, corrompidos en la fe (2 Tim 3,5). Salieron de nosotros… (1 Jn 2,18). Refiriéndose a todos éstos dice la Glosa: Viven en comunión con nosotros por medio de los sacramentos. Pero esta prueba no tiene valor. No es intención del Apóstol decir que quienes se presentan con apariencia de piedad más tarde la abandonen, pasándose a la infidelidad. Lo que él dice es que quienes muestran esa apariencia carecen de su contenido y en lo interior son infieles. Muchos infieles mantienen comunión con nosotros en los sacramentos; algunos aceptan los sacramentos de la Iglesia, al menos en lo que externamente se puede apreciar. Dado que en cuanto a esto estuvieran simbolizados en Ajitófel, esto no podría ser ampliado para aplicarlo también a la fama ganada por Ajitófel en cuanto consejero. El modo de razonar que siguen en todo esto parte de una conjetura humana, semejante a la de quienes, por las plagas de Egipto, quisieron predecir las persecuciones de la Iglesia: como se dijo ya.

En su avance dan un paso más, queriendo demostrar que los mensajeros del anticristo se encuentran principalmente entre quienes viven obligados a la práctica de los consejos. Alegan lo que Gregorio dice a propósito de las palabras por la derecha se levanta (Job 30,12), o sea: Por la derecha del oriente se levantan calamidades, porque se lanzan a perseguir a la Iglesia quienes eran considerados miembros distinguidos del Redentor. Pero de aquí no se sigue que estén obligados a los consejos, porque miembros distinguidos, que están simbolizados por la derecha, son todos los buenos. Por lo cual Gregorio dice allí mismo: En este pasaje, el vocablo ‘derecha’ designa al pueblo fiel de la santa Iglesia. Si alguien con ‘miembros escogidos’ se refiere solamente a los perfectos, tampoco la prueba es aceptable: hay quienes son perfectos por el nivel de caridad aunque vivan unidos en matrimonio, mientras que los prelados son perfectos en razón del estado. Por consiguiente, ‘miembros escogidos’ no pueden ser solamente los religiosos. El razonamiento incurre en falacia por el modo de hacer la deducción.

Esto mismo quieren demostrarlo por las palabras Herodes buscará al Niño para darle muerte (Mt 2,13). La Glosa lo expone así: En cuanto Cristo nació en este mundo, comenzó contra él una persecución en que estaba prefigurada la persecución de los santos. Y sacan la conclusión: así como en la [primera] venida de Cristo se le opusieron los que tenían nombre de más sabios y más santos, así también al final los fieles de

Cristo experimentarán la oposición de los sabios y santos, es decir, de los letrados y de los religiosos. Pero esta demostración no es válida. A Cristo hicieron oposición no solamente los escribas y los fariseos, sino también los príncipes de los sacerdotes, como Anás y Caifás, junto con los príncipes seculares como Herodes y Pilatos. Los que persiguieron a Cristo no todos eran a la vez escribas y fariseos; algunos eran solamente escribas; otros, solamente fariseos. Por lo cual, con este razonamiento, no se consigue lo que ellos pretenden, porque esta razón no afecta más a los religiosos letrados que a los iletrados, ni a ellos más que a los prelados, a los príncipes y a los maestros seculares.

Coordinando todos estos datos, llegan a la conclusión siguiente: Queda, pues, claro que los mensajeros del anticristo serán cristianos con apariencia de buenos, dedicados al estudio de las letras, acreditados en dar consejos, religiosos, obligados a la práctica de los consejos. En esta conclusión se ponen de manifiesto sus intenciones. Dan tales señales de las personas cuya difamación buscan que es como si las llamasen por el nombre. Lo mismo da decir Sócrates que el hijo de Sofronisco, si Sócrates es el único hijo de Sofronisco. Ya no hay lugar a excusa, y queda claro que descienden a lo personal.

Pero el procedimiento mismo que siguen los deja convictos de múltiples errores. En primer lugar, hablan de los mensajeros del anticristo como si fueran personas de un solo grupo. Sin embargo, los ministros del anticristo procederán de estados diversos, como dice la citada Glosa acerca del salmo 82: ¿Quién, oh Dios, semejante a ti? En segundo lugar, aunque los pasajes alegados [son ‘diversae auctoritates’] traten de cada uno de los puntos que ellos exponen, de ningún modo consta que todas esas condiciones hayan de concurrir en las mismas personas. Tal vez, entre los seductores, mensajeros del anticristo, habrá religiosos, habrá letrados, habrá consejeros famosos, y así en cuanto a cualquier otra cosa. Y acaso entre todos ellos no habrá nadie en quien concurran todas las señales. Tercero, dado caso que en ellos se encontrasen, esto no ocurriría entre ellos solos: como quedó ya demostrado. Cuarto, aunque algunos de los señalados hayan de ser mensajeros del anticristo, tal vez el anticristo tomase para sí no a todos ellos, sino solamente a unos pocos, como también a algunos de otros estados. Quinto, dado que las características señaladas son buenas, a saber: ser cristiano, letrado, famoso en dar consejos, religioso, nadie, a base de ellas, puede ser considerado mensajero del anticristo. Es en los malos en quienes hay que fijarse, de acuerdo con la doctrina del Señor (cf. Mt 7,16-17). Cada árbol se conoce por su fruto: el bueno, por sus frutos buenos; el malo, por los malos.

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