Bueno, vamos a ir empezando. Vamos a a poner primero que nada en manos de nuestra señora estos días, agradeciéndole ante todo el estar acá, el poder seguir adelante. Bienvenido, padre. Eh, agradeciéndole la posibilidad de seguir en el arado, con las manos puestas en el en el arado hasta donde ella diga. y pidiéndole la virtud más grande de todas a nuestro juicio que es la fidelidad. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Dios te salve, reina y madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve, a ti llamamos los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señor, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Oh clementísima, o piadosa, o dulce Virgen María, ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas. Amén. Y vamos a encomendarnos también, por supuesto, a nuestro santo patrono. Tienen la oración en la última página del cuadernillo y a él le vamos a pedir como fiel discípulo de María que también dirija nuestros corazones y vamos a pedírselo con la oración de la de la iglesia. Glorioso San Bernardo, doctor Melifluo, caballero amigo del esposo y trobador de las glorias de la Virgen Madre, te rogamos nos asistas y aconsejes, como lo hiciste en Clarabal con tus primeros hijos, a fin de que meditando tus enseñanzas e imitando tus virtudes, lleguemos algún día a contemplar contigo la gloria de la eternidad. Así sea, Señor nuestro, que hiciste que la abat San Bernardo, encendido en el celo de tu casa, no solo ardiera en tu amor, sino que resplandeciera en tu Iglesia para iluminarla en tiempos de confusión, concédenos, por su intercesión que animados de ese mismo espíritu podamos vivar vivir siempre como auténticos hijos de la luz. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo. Amén. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Bueno, unas palabras muy cortitas para en primer lugar agradecer agradecer agradecer a Dios ante todo por todos estos años eh que inmerecidamente hemos podido tener compartiendo la siembra. Eh, porque bueno, lo que a nosotros nos toca es es nada más que sembrar, porque para eso estamos, pero él nos ha regalado ver frutos, ver frutos tan tan eh inesperados que que uno se queda anonadado realmente. Y bueno, y simplemente como soldaditos hay que hay que seguir seguir adelante, que es el único rumbo que que conocemos y que tenemos que conocer los los hijos de Dios. Solamente mirar hacia delante. Nos dice la cuas primas, nuestra madre Iglesia por medio de ella. Cristo es en efecto la fuente del bien público y privado de todos los bienes. Fuera de él no hay que buscar la salvación en ningún otro, pues no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo por el cual debamos salvarnos. Él es solo quien da la prosperidad y la felicidad verdadera tanto a los individuos como a las naciones. Esto que parece una verdad tan sabida, lamentablemente hoy es hay que recordarla. La actualidad de esta cita en este centenario de esta hermosa encíclica debe llamar a un serio examen de conciencia. Pensamos por parte de todos nosotros. y especialmente también de muchos pastores que hoy nos aturden con su atronador silencio ante el panorama contemporáneo. Por eso es que nos pareció oportuno celebrar y agradecer estos 25 años de encuentros conmemorando sobre todo este centenario y asumiendo como lema la paz de Cristo en el reino de Cristo. En un momento en que el deseo universal de paz en todos los órdenes hace que se corra el riesgo de confundir la paz verdadera con su falsificación, la que nos ofrece el mundo, con la expresa condición de asumir todas sus máximas, precisamente pisoteando las máximas del Evangelio. Así como el pueblo de Dios fue conducido a la espera del Mesías a través de los profetas, paralelamente la Iglesia puede permanecer fielmente en vela esperando el regreso de nuestro Señor a través de las palabras de gloriosos pontífices en el auténtico magisterio de la Iglesia, que en consonancia con la tradición no deja de denunciar al mundo hijo del padre de la mentira como enemigo de Cristo y de su reino. Por eso nuestro Señor nos advierte que si ustedes permanecieran en el pertenecieran al mundo, el mundo los amaría como suyos. Pero como no pertenecen al mundo, sino que yo los elegí, por eso el mundo los odia. Y este mundo no es ni puede ser nunca modelo para la Iglesia ni para sus hijos, sino todo lo contrario. Es aquel ante quien los cristianos han de ponerse siempre en guardia y por eso precisamente se ha de llamar a la conversión. Pero no obstante, nuestros días el enemigo vemos que se nos propone como aliado y hasta como maestro. Y entonces en todas las filas se van vaciando de contenido algunos pilares fundamentales de nuestra fe, entre las cuales está precisamente el reinado social de Cristo sobre todo el universo. No solo porque en él la voluntad humana está entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también porque con sus mociones e inspiraciones influyen nuestra libre voluntad y la enciende en nobilísimos propósitos. Finalmente se dice con verdad que Cristo reina en los corazones de los hombres, porque con su supereminiente caridad y con su mansedumbre y benignidad se hace amar por las almas, de manera que jamás nadie entre todos los nacidos ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús. Sigue diciendo la cuas primas. Más entrando ahora de hecho en en el asunto, es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de rey. Pues solo en cuanto hombre se dice de él que recibió del Padre la potestad, el honor y el reino. Porque como verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad. y por tanto poseer también como el padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas. En efecto, la impostura fin de cita. La impostura mayúscula de hoy pregona un pseudocristianismo, una blasfemia insolente que a despecho de la sangre del cordero y de los verdaderos testigos que son los mártires, pretende conciliar al rey del universo con sus propios verdugos, rebajándolo al nivel de uno más entre los ídolos y los demonios de la feria de las religiones democráticas. Lo que no logró el Imperio Romano en el circo lo ha consagrado y lo ha conseguido en miles de conciencias la prédica incansante, revolucionaria con su aliado más exquisito entre nosotros, que es el modernismo religioso. San Pío X, de hecho, se quejaba ya en la Payendi proféticamente. Hay muchos católicos y también sacerdotes que dicen estas cosas abiertamente y se jactan de que van a reformar la iglesia con estos delirios. Toda religión, incluso la pagana, debe considerarse verdadera. En el conflicto entre diferentes religiones, lo máximo que los modernistas pueden sostener es que la católica posee más verdad porque es más viva y que merece con mayor razón el nombre de cristiana porque se corresponde más plenamente con los orígenes del cristianismo. Pero lo sorprendente es que haya católicos y sacerdotes, nos dice el Papa, que nos gustaría creer, aborrecen estas atrocidades, pero actúan como si las aprobaran plenamente, porque colman de tales elogios y conceden tal honor público a los maestros de estos errores que dan lugar a la creencia de que su admiración no es solo a las personas que tal vez no estén desprovistas de algún mérito, sino más bien a los errores que estas personas profesan abiertamente y que hacen todo lo posible por propagar. Toda correspondencia con la tibieza y clara apostasía eclesial no es coincidencia. Y cuántos son los católicos que con buena conciencia se han tragado y naturalizado la firma de tratados apóstatas como el de Abu Dhabi o que celebran en estos días un farsante tratado de paz mundana cimentado sobre el exterminio sistemático de cristianos bajo el imperio de la sinagoga de Satanás. Dios nos libre de gloriarnos en la paz que solo puede ofrecer el mundo. Y que él nos conceda, en cambio, permanecer hasta el último suspiro y hasta la última gota de sangre y de aliento con las armas en la mano. Permanecer para librar fielmente el buen combate de la fe, aún a precio al precio amargo de la soledad. Porque hay una gran multitud que nos consuela. Vi una gran multitud que nadie podía contar de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie delante del trono del cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos. Por ese motivo, celebramos estos 25 años de encuentro juntamente con el centenario de la cuas, no solo como mera memoria, sino con ánimo de encender y despertar conciencias bajo el lema de la paz de Cristo en el reino de Cristo. Estos 25 años nos obligan a los miembros de San Bernardo a una profunda acción de gracias por innumerables dones recibidos. la mayoría y seguramente los más importantes que veremos en el cielo y no los vemos acá y por haber podido contribuir a la esperanza en el reinado de Cristo gracias al apoyo inestimable de algunas de las más lúcidas voces católicas de nuestra época, algunas de las cuales ya nos han dejado y que extrañamos muchísimo para seguir sus huellas ejemplares. Entre ellos podemos mencionar al queridísimo Alberto Catureli, a Carmelo Palumbo, a Monseñor Antonio Bacioto, que fue un verdadero padre para nosotros durante tantos años, a Federico Miura Cíber, al padre Juan Claudio Sanauja, a Monseñor Cafara y a otros que gracias a Dios están todavía entre nosotros. aunque no estén aquí presentes en estos días, como por ejemplo el queridísimo el padre, padre Alfredo Saens, monseñor Nicola Books, que todos los años nos dice que quiere volver y tenemos la esperanza tal vez el año que viene. Eh, vamos a ver. Eh, donio Inochenti que que se fue eh que lo llamaron eh Hugo Verdera y bueno, Mario, Mario hace dos días, hace nada más que dos días nos nos confirmó que no podía viajar. La verdad que es fue una una tristeza muy grande. Eh, y voces de fuego que seguimos aprovechando y agradeciendo con toda el alma como las de Antonio Caponeto o nuestro queridísimo monseñor Schneider y el padre Spam. En estos 25 años hemos sido asociados por pura gracia a muchos testigos de Cristo Rey, a pesar de todos los apóstatas. para no perder la esperanza y para recibirla como antorcha encendida, que hay que mantener ardiendo siempre para seguir anunciando y denunciando a tiempo y a destiempo, en pro de la única verdadera paz tan implorada y alertando siempre sobre sus falsificaciones que van adormeciendo a los centinelas y desarmando a los soldados verdaderos de Cristo para la batalla decisiva. Hay que vivir con la campanita, con la mirada en perspectiva. Entonces, descubrimos hoy combates que hace una o dos décadas parecían realmente inverosímiles y que provocaban incluso la sonrisa burlona de muchos incrédulos que hoy se están rasgando las vestiduras o miran para otro lado porque se niegan a dar el brazo a torcer ante las evidencias en el campo eclesial, político, legislativo y en el panorama, por supuesto, internacional. No podemos dejar de hacer memoria de algunos de los temas que que tuvimos en en todos estos años y así entonces vamos viendo pasar las modas, los caprichos, pero se ve imperecedera la voz unánime de los testigos de Cristo Rey, cumpliéndose siempre todas sus advertencias. Hay del Israel histórico que no escuchó a sus profetas y por eso no reconoció al Mesías. Y hay del nuevo Israel, que es la Iglesia que ha renegado de su tradición, amancevábándose muchas veces con los reyes de este mundo. Y entonces nos encontramos alabando la mansedumbre ante los herejes y los enemigos de la cruz, pero resistiéndose fuertemente al sometimiento de las naciones y de las conciencias a la única verdad encarnada que permanece siempre joven, lo sana y seductora. A ella nos debemos, ella nos guarda bajo el manto de Nuestra Señora. Por eso nunca hemos de dar lugar al desánimo. Los mártires, sobre todo, son el grito de esperanza que no claudica ni sabe retroceder. Levantamos entonces la cabeza una vez más, pese a todo, porque Cristo vence, reina e impera. Viva Cristo Rey. Viva. Gracias. Bien, como les decía hace un minuto, eh Mario ha querido con toda el alma acompañarnos porque él nos acompañó en la primera, en la segunda, en muchísimas muchísimos encuentros. eh y no pudo viajar por cuestiones de salud, aunque está mejor en estos días, si Dios quiere, vamos a a presentar un nuevo libro de él virtualmente, pero vamos a escucharlo. Entonces ahora hacer un vamos a a los que no lo conocen hacer una pequeña presentación. El Dr. Mario Caponeto es médico por la Universidad Nacional de Buenos Aires, cardiólogo universitario, cursó estudios de filosofía en la cátedra privada de Jordán Bruno 80enta. Ha sido profesor de ética, bioética y antropología filosófica en la Universidad del Salvador, en la Austral y en la de Guadalajara. Ha sido miembro del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas con ISET, profesor emérito de la Universidad de Fasta, en donde dio antropología filosófica, ética, antropología médica y donde se desempeñó como titular en la diplomatura diplomatura universitaria en pensamiento tomista y profesor en el seminario de la fraternidad sacerdotal. ha dirigido la colección Breviarios Tomistas de la editorial del Instituto del Verbo Encarnado. trabaja actualmente en la traducción de varias obras de Santo Tomás y ha publicado El hombre y la medicina, Víctor Frankle, una antropología médica, combate, estudio e índice del Movimiento del Corazón de Santo Tomás de Aquino, que es la psicología acerca del Estatuto Epistemológico de la Psicología Santo Tomás de Aquino, aproximación a su pensamiento y ha publicado numerosos artículos en revistas nacionales y extranjeras. Vamos a escucharlo hoy. Entonces, querido Mario, eh te extrañamos personalmente. Vamos a escucharte eh en la conferencia acerca de la realeza de Cristo en la doctrina de Santo Tomás. Gracias, gracias, gracias. Bueno, en primer lugar quiero agradecer a los organizadores de estas jornadas, ciclo de formación San Bernardoal, la editorial Santiago Apóstol por el honor de invitarme a participar en ellas. También quiero agradecer al Centro Piper de Am de Plata en la persona de su presidente, el licenciado Cristian Rodríguez Iglesias. por su inestimable apoyo para realizar esta grabación. El tema de estas jornadas no puede ser más actual. La paz de Cristo en el reino de Cristo, en el centenario de la encíclica primas de Pions. Y es actual porque precisamente ante la vista de los problemas que hoy tenemos que afrontar, nada resulta más propio que hablar de la paz de Cristo en el reino de Cristo. y además cumplí con un deber de justicia respecto de esta gran encíclica, una de las joyas del magisterio petrino contemporáneo, que ha sido prácticamente olvidada y relegada. ¿Qué decimos cuando decimos que Cristo es rey? Y más aún cuando sostenemos la la realeza de Cristo sobre las realidades temporales, especialmente el orden político y social. Para responder esta pregunta, tenemos que remontarnos a grandes fuentes, a la patrística, a los doctores de la iglesia. Y en este sentido, una vez más, nos hemos vuelto a la magna figura de Tomás Latino para indagar a ver si en el pensamiento, en la doctrina de Tomás de Aquino, podemos encontrar algunas pautas, algunas pistas que nos permitan dilucidar qué entendemos realmente por la rareza de Cristo. Desde luego que en Santo Tomás no hay un tratado específico sobre la raiza de Cristo, pero si a lo largo de su vastísima obra encontramos multitud de textos que Santo Tomás trata acerca de este tema. Por eso nos hemos eh para la ocasión permitido seleccionar algunos de los muchos textos, unos pocos textos nada más a la cuenta de los límites de una ponencia. Iremos viendo y examinando. Para una mejor exposición vamos a dividir esta ponencia en tres partes. En la primera vamos a tratar de Cristo Rey propiamente. ¿Por qué le damos este título a Cristo? ¿Cómo es Cristo en la figura de un rey? En la segunda parte vamos a hablar del reino de Cristo. ¿Qué es ese reino? Y la tercera parte vamos a hablar de la realeza de Cristo. En cuanto esta realeza se extiende a todas las cosas, especialmente al orden político y social. Y avancemos entonces en la primera parte, la realeza de numerosos son los textos en los queinate trata de la radeza de Cristo, pero para empezar hemos seleccionado el texto de un sermón. Eh, San Tomás obviamente era predicador y en tanto era maestro de teología en la Universidad de París, tenía una triple función leer, leer la Sagrada Escritura, disputar, que era una modo de indagar y finalmente predicar. Esos esas predicaciones, esos sermones se hacían en la universidad con universitat decían, ¿no? Y hay una serie importante de sermones atribuyó Santo Tomás, pero la crítica contemporánea solo ha rescatado 19 de esos sermones y entre ellos hay uno que se lleva como título eh Hrex. Rexus, no tenemos la fecha, pues estos sermones no están datados, pero podemos ubicarlo en alguno de los años que Santo Tomás estuvo en París que estuvo en dos ocasiones, entre 1252 y 1259 y después entre 1269 y 1272. más o menos en alguna esta fecha por las lecturas a las que Tomás en el texto de la homilía del sermón se trata del primer domingo de Adviente. Se trata pues de un sermón de Adviento donde se nos dice que Cristo Rey viene. Viene, ¿no? Cristo viene. Es un texto breve, pero está cargado de una gran riqueza doctrinal. Eh, el texto se fundamenta en aquel versículo de Zacarías 99. He aquí tu rey viene a ti, humilde, manso, montado en un pollino. En esta homilía o salmón, Tomás nos deja una serie de consideraciones que nos permiten aproximarnos por qué llamamos rey a Cristo. Para esto, Tomás se detiene en primer lugar a considerar qué es lo que define un rey. que por ende pueda decirse propiamente de Cristo. Obviamente que el punto de partida es lo que es un rey terreno que que se entiende por rey en sentido terreno para después mediante una analogía atribuir esto a Cristo. Y así comienza diciendo que un rey es aquel que impera con autoridad de dominio, pero no cualquiera que tenga autoridad de dominio puede llamarse al rey, sino que se requieren cuatro cosas, dice Santo Tomás, para que alguien pueda decirse rey. A tal punto que si alguna de estas cuatro cosas faltare, ya no podemos hablar propiamente de un rey. ¿Cuáles son estas cuatro cosas? Primero, unidad. Segundo, plena potestad. Tercero, amplia jurisdicción. Y cuarto, cualimidad en el manejo de la justicia. Vamos a ir leyendo. Dice Tomás, unirá. El rey es el uno único. Porque si en su reino hubieran muchos que dominen y no se ordenaran a él como a uno, no sería rey. Por eso dice, interesante, ¿no? Primero establece la condición de un rey temporal y después inmediatamente aplica Cristo, ¿no? Por eso el reino de Cristo es como una cierta monarquía. Y Cristo posee esa cualidad de unidad. Y después, cosa que hacen muchos son Tomás a frecuencia, cita algún texto de la escritura para apurarse. Y así dice en Ezequiel 36 22, un solo rey reinará sobre todos ellos. Y dice, "Un solo rey para indicar que no será un extranjero otro amo, sino que el único Señor, el Hijo con el Padre será nuestro rey, Cristo." Y Cristo dice, y cita el texto de Corintios, "El Padre y yo somos uno. Hay muchos dioses y muchos señores, pero para nosotros hay un solo Dios y un solo Señor." Dice el apóstol en Corintios 185. Bien, perdón, el padre y yo somos uno, está en el evangelio, ¿no? El texto de Corintios que acabo de leer. Unidad, la segunda nota es potestad plena. Un rey posee la plenitud del poder, pues si gobernaras sin la plenitud del poder, sino leyes que le son impuestas por otro, no sería propiamente un rey, sería en todo caso un cónsul, un alcalde, es decir, una autoridad subordinada. Pero sucede que con la venida de Cristo, Dios cambia la ley, porque Cristo es el legislador. Así pues, por ser supremo legislador, no estar sometido a ninguna ley anterior a él ni por encima de él, podemos decir que Cristo es propiamente hablando un reino. Aplitud de jurisdicción, la jurisdicción del rey se extiende a todo. Un padre de familia tiene plena potestad en su casa, sin embargo, no se llama rey. Lo mismo se decir de que una ciudad. Un rey, en cambio, es el que tiene dominio sobre muchas tierras y una gran ciudad. Y es como lo que vemos en Cristo, porque toda criatura le está sujeta y es el rey de toda la tierra. Por último, seguimos con el texto de la un rey debe ser justo y ecuánime, pues de otra manera sería un tirano, porque un tirano somete a su propio beneficio todo cuanto hay en su reino, pero un rey lo ordena todo el bien común. Ahora bien, Cristo que viene, el Cristo que viene no busca sus propios beneficios, sino el nuestro. El hijo del hombre vino a servir a ser servido, sino ser. Fíjense esto la la estructura de estos textos, ¿no? ¿Cómo partiendo de la realidad terrena de los reyes de un rey? Después lo aplica metafóricamente o más propiamente análogamente a Cristo H y siempre busca algún texto de la escritura para apoyar su conclusión. Vemos entonces que en una primera aproximación Cristo se va delineando ante nuestros ojos como un rey que es uno, cuya potestad es plena, que se extienda todo y que es un justo juez que rige con ecuanimidad y justicia. Pero esta configuración de Cristo todavía no está completa, no se detiene. Aquí en un segundo momento de de este sermón, San Tomás da un paso más allá porque no solamente establece que Cristo es rey, sino que Cristo es nuestro rey. Porque el texto de Zacarías dice, "Heche rex tus tu rey, es decir, es nuestro rey." Y aquí nuevamente ese orden que lo caracteriza tomaba establecer cuatro razones por las cuales Cristo no solamente rey, sino que es nuestro rey. Rexus y dice, "Digo primero que Cristo se llama rey." Esto es rey del hombre en razón de una semejanza de su imagen especialmente un rey los que llevan su insignia como su imagen. Y aunque todas las criaturas son de Dios, sin embargo se llama especialmente criatura de Dios al que lleva la imagen de Dios y este es el hombre. Por tanto, debemos llevar la imagen de Cristo. En tanto llevamos en nosotros la imagen de Cristo, lo que quiere decir Santo Tomás acá, es que nosotros nos configuramos en estandarte de Cristo. Nosotros mismos somos los portaestandartes de Cristo. Por eso es nuestro rey, porque llevamos estandarte. Y por eso dice el apóstol en la primera carta a los corintios, así como llevamos la imagen de los terrenos, así llevamos también la imagen de los celestos. Segundo término, decimos que Cristo es nuestro rey, es el rey del hombre en razón de un amor especial, de un especial amor. Dios, en efecto, ama a los hombres de modo especial. Por tanto, no debemos ser ingratos ante tanta dirección, sino que debemos de entregar a él todo nuestro amor. Si Cristo es nuestro rey, porque nos ama de manera especial. En tercer lugar, Cristo es rey, nuestro rey, rey del hombre, en razón de una singular solicitud, cuidado. Es verdad que Dios tiene cuidado de todas las criaturas. No hay cosa, por pequeña que sea, que se sustra la providencia de Dios. Sin embargo, el hombre es objeto de una especial solicitud de la providencia de Dios. Y en razón de esta especial solicitud de la divina providencia, decimos con propiedad que Cristo es no solo rey, es nuestro rey, tu rey. Y en cuarto lugar decimos que Cristo es rey de los hombres por su asociación a la naturaleza humana, es decir, la encarnación, la unión hipostática. Y aquí Tomás, le recurro a un texto de Deuteronomio 17:15. No ungirás por rey a ningún extranjero que no sea tu hermano. En efecto, en esta profecía, el Señor determinó con respeto a Cristo que lo haría rey de la humanidad y no quería que fuera de otra raza, es decir, de otra naturaleza, que fuera de nuestra naturaleza, que fuera nuestro hermano. Pues bien, resumiendo entonces este texto de la del sermón, ese rey que es uno y la potestad es plena, que se extiende todo, que es justo, que rige con justicia, ahora se nos presenta como nuestro. es un rey cercano porque llevamos su imagen a modo estandarte, porque nos amó y nos ama de un modo especial y único, porque nos cuida de un modo especial y único. Y finalmente es nuestro porque al asumir nuestra naturaleza se uso se hizo uno de los nuestros sin dejar de ser Dios y rey. Bueno, hasta aquí el texto, precioso texto de este sermón. que pueden encontrar en internet algunas buenas traducciones al español. Pero hay otros textos en los cuales Santo Tomás analiza la realeza de Cristo, pero ya desde otra perspectiva, diríamos como intentando otorgar un fundamento teológico a esta realeza de Cristo. Y ahí nos hemos entonces detenido en algunos pasajes de las cuestiones 58 y 59 de la tercera parte de la suma de teología, que como se sabe esta tercera parte contiene lo fundamental de la cristología atomita. En la cuestión 58, cuando Tomás trata de de por de Cristo que asciende al cielo y y se sienta a la derecha del Padre, es algo que proclamamos creero. ustedes ante usted patriamente en este sentado del padre donde que vamos a ver enseguida con el texto correspondiente donde Santo Tomás asienta el fundamento del reinado de Cristo. Amos, dice la cuestión 58 de la tercera parte, artículo primero, dice, se ha de decir que la expresión estar sentado, está sentado derecha, puede entenderse de dos modos. A ver, uno según la actitud de acuerdo con lo que leemos en San Lucas 249, sentados en la ciudad, pero otro como la potestad rege y judicial y así leemos en el libro de los Proverbios 28, el rey que está sentado en el solio del juicio disipa todo mal con su mirada. De ambos modos conviene Cristo estar sentado a la del Padre. Cristo está sentado a la derecha del Padre en cuanto que reina con el Padre y de él recibe la potestad judicial. Recordemos que como hemos visto antes, el poder judicial, el ser juez es nota esencial de ser rey. Y aquí Cristo al estar sentado a la derecha del Padre, por eso mismo correina con el Padre, es rey junto con el Padre y del Padre recibe la potestad judicial. Así como el que se sienta con el rey a su derecha le asisten las funciones de reinar y de juzgar. En este pasaje pues funda Tomás de Aquino la realeza de Cristo eh fundada en esta este sentarse de Cristo a Patris. Y en el resto de lo que queda de la cuestión 58, San Tom estableciendo que este estar sentado a la a la diestra del Padre y por tanto ser rey y juez le compete a Cristo tanto en cuanto que es hombre, tanto en cuanto que es Dios y solo compete. Los textos son más complejos, ¿no? No tenemos tiempo de examinarlos, pero están pueden leerse directamente. Tercera parte de la sumología, cuestión 58. En la cuestión que sigue, la cuestión 59, Santo Tomás va a tratar más específicamente del poder judicial de Cristo, ¿no? Y ahí sí vamos a leer algunos unos pequeños textos. El artículo primero cuando Tomás establece que a Cristo se le atribuye el poder de juzgar, porque dice, "Para juzgar hace falta entre otras cosas ver tener primero una una potestad coactiva, eh después tener un celo recto, pero en tercer lugar y fundamentalmente para poder juzgar se requiere sabiduría." Y Cristo dice, es la seguridad engendrada y es la verdad que procede del Padre y que perfectamente le representa. Por eso se atribuye con propiedad al hijo el poder judicial. Y en esto cito un texto de San Agustín, donde el doctor Dispona dice que el poder judicial, el padre se lo ha transferido al hijo por ser su sabiduría. Si no es el padre que juzga, el padre ha transferido, digamos así, a su hijo, que la sabiduría engendrada, no creada, sino engendrada, la plena potestad judicial. Y en razón de esta plena potestad judicial, Cristo rey. Entonces vemos aquí que a diferencia del texto del sermón, donde eh San Tomás atribuía al título de rey, en estos textos, en estos textos, San Tomás ya apunta al fundamento teológico de la realeza de Jesucristo. El artículo 2 dice que este poder judicial le corresponde a Jesucristo en cuanto que es hombre. Y así leemos, dice, "Conviene tener presente que aún cuando a Dios compete la autoridad suprema de juzgar, todavía Dios confira a los hombres el poder judicial respeto de aquellos que están sometidos a su jurisdicción." Es decir, a Cristo le corresponde juzgar no solamente en cuanto que es Dios, sino también que le corresponde juzgar en cuanto es hombre. Compete a Cristo, dice Tomás, en cuanto hombre el poder judicial por tres razones. Primero, por su parentesco de afinidad con los hombres. Segundo, porque en el juicio final, como dice Agustín, tendrá lugar la resurrección de los cuerpos muertos, que Dios resucita por el hijo, el hijo del hombre que es Cristo. Y tercero, porque al decir San Agustín, justo es que vean a su juez los que han de ser juzgados, los buenos y los malos. San Tomás en esto acude mucho a la Entonces a Cristo le corresponde ser juez no solo en tanto Dios, sino también en cuanto hombre. Y finalmente Cristo en tanto que es juez, es juez por sus propios méritos. Juez, Cristo es juez por sus méritos. Eh, y esto entonces es muy interesante que tenemos aquí. en el artículo tercero que dice que dice directamente San Tomás que Cristo obtuvo por sus merecimientos esta potestad judicial y real porque luchó y venció por la justicia de Dios. Y el que injustamente fue juzgado ahora es constituido juez y rey. Esto coincide con lo que leemos en aguas primas cuando el papa Pion dice que eh Cristo rey pod conquista. Aquí encontramos entonces el fundamento teológico de esa expresión del Papa Piono de conquista. Es decir, por la cruz, haber vencido en la cruz y que Cristo se constituido como hombre, rey y juez. Bien, con esto damos por concluida la primera parte de nuestra exposición. Pasamos ahora a lo segundo, el reino de Cristo. ¿Qué es este reino? ¿Qué consiste? Para eso nos hemos valido de unos pasajes del comentario de Santo Tomás, del Evangelio de San Juan, que según el sentir unánime de todos los especialistas constituye la obra exegética más elevada, la mejor obra exegética de todas las que salieron de la pluma de laquinante. Es una obra de madurez, fue redactada en los últimos años su vida, aproximadamente en 1972. Y vamos a detenernos en algunos textos que corresponden al comentario del capítulo 18, versículos 33, 37, cuando frente a Pilato que lo interroga, nuestro Señor responde Dios el rey. Vamos a recordar brevemente el pasaje evangélico. Dice así el texto de San Juan. Entró pues Pilato de nuevo en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó, "¿Eres tú el rey de los judíos?" Jesús le respondió, "¿Lo dices tú por ti mismo o te lo han dicho otros de mí?" Pilato repuso, "¿Acaso soy yo judío? Tu nación y los pontífices son quienes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?", Replicó Jesús, mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores combatirían a fin de que yo no fuese entregado a los judíos. Pero ahora mi reino es de aquí. Díjele pues Pilato, con que tú eres rey. Jesús contestó. Jesús contestó, "Tú lo dices, yo soy el rey." Bien, respecto de este texto y el comentario correspondiente del quinate, en primer lugar debemos establecer exactamente qué significa cuando decimos que el reino, mi reino no es de este mundo. Para eso conviene que nos detengamos un poco en el texto original, el texto griego que nos va a iluminar el texto griego, la construcción de este mundo, de este mundo aparece con la preposición griega ec, eectu cosmú el texto dice basileya en un cosmó y También cuando en la segunda parte repite que no es este mundo, vuelve a utilizar la perfección e tu cosm. Y cuando vamos a la traducción latina deata, noa dice reum no es de mundo. Y después dice si exundo es utiliza también la provisión X. Bueno, tanto la preposición griega e como la correspondiente latina d y ex no indican solamente pertenencia, si que el reino no pertenece a este mundo, sino indican sobre todo que el reino no es acerca de este mundo. Pero además que el reino de Cristo no procede de este mundo, porque en la preposición griega e como la proposición latina ex indican procedencia, origen. Es decir, el reino no procede de este mundo porque es un reino divino. No se trata de una terrena. El reino de Cristo es una divina, no es acerca de este mundo porque no es terreno y no es de este mundo, no procede de este mundo, procede de Dios. Y entonces San Tomás dice que ante la sospecha de Pilato de que el rey, que Cristo se hubiera hecho rey terreno, dice, era que dice San Tomás, Cristo remueve la falsa sospecha diciendo, mi reino no es de este mundo. Es decir, no es acerca de este mundo, no procede de este mundo. Fíjense qué interesante lo que viene a continuación. Dice, "Los maniqueos entendieron mal esto cuando dijeron que había dos dioses y dos reinos." A ver, el Dios bueno, que tiene su reino en la región de la luz y el Dios malo que tiene su reino en la región de las tinieblas. Y afirmaron que este el mundo terreno es el reino de las tinieblas, porque sostenían que todo lo terreno corpóreo era tiniebla. Y según los maniqueos, esta expresión, mi reino de este mundo, se entiende como que Dios Padre, que es bueno y Cristo que es bueno, no tienen lugar, no tienen reino en el lugar de las tinieblas. Es interesante esto, ¿no? Porque a veces uno observa cierto maniqueísmo. Cuando se habla de la del reino social de Jesucristo o de la la unión de la Iglesia y el estado, suele decirse que no. Todo lo político, todo lo temporal es malo, es peligroso que la iglesia tenga vínculos con el poder temporal. El poder temporal siempre es visto como algo hay un cierto manique y San Tomás lo refuta, dice, "Pero en contra de esto está lo que dice el salmo 46 versículo 8. Dios es el rey de toda la tierra." Y además el salmo 134 versículo 6, porque todo lo que el Señor quiere lo hace en el cielo y en la tierra. Y por eso vamos a decir que Cristo dijo esto por Pilato, quien creía que el reino de Cristo afectaría el reino terreno, en el que reinaría corporalmente como los hombres terrenos. Ya sentido el reino no este mundo, pero se ejerce en este mundo porque dice la escritura, yo soy el rey toda la tierra. Por eso más adelante cuando comenta el artículo 37, Tomás reitera esta idea y dice, "Concluye que su reino no es de aquí. Esto es no tiene principio respecto de este mundo y sin embargo está aquí porque está en todas partes." Y otra vez tanto más apera al texto bíblico. Toma un versículo del libro 8 de la sabiduría, del capítulo 8 de la sabiduría. versículo que donde dice, "Aca fuertemente todas las cosas de un extremo a otro y todo lo dispone suavemente." Salmo 2 también, versículo 8. "Pídeme y te daré en heredencia las naciones, en posesión tuda los confines de la tierra." Otro texto bíblico, Daniel 8:4. Le fue dada la potestad, el honor y el reino, y todos los pueblos y tribus y lenguas le sirvieron. Resulta cad pues entonces a partir de estos textos que si bien el reino de Cristo no es este mundo en el sentido que hemos señalado antes, sin embargo, se ejerce sobre este mundo, no al modo como lo hacen los hombres, sino al modo de Dios. Y avanzando todavía un poco más, valiéndose de dos padres de la iglesia, San Agustín, San Juan Pisóo, San Tomás dirá que este reino de Cristo se entiende en un doble sentido. Según San Agustín, el reino son los propios fieles sobre los cuales Cristo ejerce su realeza. Y según Juan Juan Crisotom, el reino se entiende como la potestas, como el poder. De ambos modos y san Tomás, tanto como Valentín Agustín como Crisóstomo, decimos que el reino de Cristo es el conjunto de los fieles que han sido redimidos por Cristo, sobre los cuales él reina y el poder, la potestad real de Cristo. Y ahora pasemos entonces a la tercera y última parte de nuestra posición. que es la realeza de Cristo sobre las realidades políticas y sociales. Establecido, pues, que el carácter esencial del reino de Cristo es el que hemos visto, ahora examinaremos la extensión de ese reino, particularmente en lo que respecta al orden político y social. Si hemos visto que la raza de Cristo es universal, se extiende a todo. Por tanto, resulta lógico deducir que el orden político y social está también sometido a la de Cristo. Si el reino de si la radeza de Cristo se extiende a todo, como hemos visto, ¿por qué le vamos a sustraer nada menos que el orden político y social que de las cosas humanas en la más elevada? Pero, ¿de qué modo se ejerce esta rendeza de Cristo sobre las realidades temporales? Para entender adecuadamente este punto, a tener en cuenta que para Santo Tomás el orden político es una heredad natural que se rige por medio de hombres que actúan a modo de causas segundas. Causas segundas. Por tanto, gobernando por medio de los hombres, que son causas deundas, es que Cristo rige las cosas temporales y la rige todas, las privadas y las públicas, las sociales y las políticas, los individuos y las familias, los grupos sociales, las naciones, los pueblos, los reinos, todo. Pero Cristo es amor de causa primera y universal. Quienes gobiernan legítimamente actúan a mod de causa de un hay un pasaje de Contra Gentiles, libro tercero, capítulo 98 Tomás que viene tratando el tema del gobierno del mundo, el gobierno de Dios, es decir, el gobierno del mundo por parte de Dios. Dios como gobernador del mundo establece algo que está en el corazón mismo de de la teología atomista en este punto que Dios obvia al mundo como causa primera, pero Dios se vale de las criaturas. Dios ha llamado a las criaturas a cooperar con él a modo de causas segundas en el gobierno eh del mundo. Y entonces, bueno, San reitera esta doctrina y habla de la causa universal. y habla de la causa segunda. Interesante que a modo de ejemplo pone la sociedad civil. ¿Cuál sería el ejemplo? ¿Cuál sería la imagen para Santo Tomás de este admirable orden de Dios como causa universal primera y las criaturas? el hombre más básicamente también los ángeles asociados a modo de causas segundas en el gobierno del mundo. Él dice lo siguiente. Un ejemplo de esto lo tenemos en orden político. Todos los domésticos de un cabeza de familia guardan un cierto orden entre sí según como le están subordinados. Por otra parte, ese cabeza de familia, como todos los otros que hay en la ciudad, guardan un cierto orden entre sí y y responden al jefe de la ciudad y este el jefe de la ciudad junto con los demás que hay en el reino, se subordina el reino. Bueno, este está precioso por varias cosas. Primero porque muestra la concepción de la sociedad orgánica, estas sociedades anárquicas desorganizadas que a que estamos acostumbrados. Porque fíjense que cómo se va articulando en un perfecto orden las distintas comunidades. La familia, cuyo jefe es el pater familias, que a su vez seordina la ciudad y el jefe de la ciudad que guarda un orden con todos los otros, finalmente responden al rey. Entonces, en el orden de un reino terreno, el rey es como causa primera y universal respecto de los otros, los jefes de familia, los jefes de ciudades, que son como causa segunda. Pero atendamos que aquí este rey que gobierna su reino a modo de causa primera, es una imagen de la causa primera que es Cristo. Entonces, ese rey que en el orden específicamente terreno actúa a modo de causa primera, es causa segunda respecto de la causa universal que es Jesucristo. Este es el núcleo de esta cuestión fundamental. Los reyes reinan amó de causas primeras, sí, pero no de causa primera absoluta, causa primera relativa en el orden que le compete, porque ese rey es a su vez causa segunda respecto del Rey de Reyes, que es Cristo. Y por eso en otra obra de Santo Tomás, el famoso tratado de el reino, San Tomás dice directamente que todo rey es ministro de Dios y además todo rey tendrá que rendir cuentas al rey supremo de su reinado. Conforme con esta doctrina, entonces todo el que gobierna en determinado ámbitos del gobierno de los hombres lo hace a modo de causa segunda respecto a la causa primera, que es Dios previamente Cristo Rey, que es juez. Muy bien. Y en este sometimiento de los reinos humanos, el reino de Jesucristo, esta relación causa universal, Cristo, causa primera, el rey, causa primera individual, pero causa segunda respeto del rey que es Jesucristo, reside la clave de la paz y la estabilidad de los reinos. Por eso en la cuumeral 18 dice que si los príncipes y los gobernadores legítimamente elegidos se persuaden de que ellos mandan más que por derecho propio, por mandato y representación del rey divino, a nadie se le ocultará cuán sant y sabiamente habrán de usar esa autoridad y gran cuenta deberán dar a tener tendrá que dar cuenta a Dios. Hm. Y cuántos tendrán que cuidar de la dignidad y del bien común de sus inferiores. Esto dice P 11, se seguirá sin duda el florecimiento estable de la tranquilidad y del orden, pues quedará suprimida toda sedición, porque los hombres se someterán a la potestad de los reyes en la medida que vean en esos reyes gobernantes, una imagen de la autoridad de Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Llegados a este punto, permitimos nuestra última reflexión. Nada dice Pi inspirándose sin duda en la doctrina delinate. Nada garantiza más la obediencia de los hombres a una autoridad legítima en la medida que los hombres vean en esa autoridad legítima la imagen de Cristo Rey. Y nos preguntamos, ¿hay algo que contradía más esta idea de un gobernante? en el que resplandece la imagen autoridad de Jesucristo. Que estos gobernantes que hoy en nuestro tiempo rigen las naciones, no como reyes, sino como tiranos, casi no quedan hoy en nuestro mundo reino regidos por la justicia. En su lugar se han erido tiranías, incluidas en primer lugar las tiranías democráticas. ¿Qué ha pasado? Ha pasado que los reyes se han revelado contra Cristo y esta nos lleva a consear lo que se dice en el salmo 2, versículo 1 2. ¿Por qué se amotinan las gente? ¿Por qué las naciones tramanos proyectos? Se han levantado los reyes de la tierra y a una se confabulan los príncipes contra Dios y contra su ungido, contra Cristo. Rompamos sus colyundas, dice hasta aquí el salmo 2. San Tomás dedicó un comentario a este salmo. No comentó los salmos, está el salmo 50. Y comentando este pasaje, rompamos sus coyundas, rompamos sus lazos dice Tomás, "Los lazos en un reino son aquellas cosas por las cuales se afirma la potesta regia, por ejemplo, la milicia, el ejército, las armas. Por tanto, es necesario disolver estos lazos para remover el yugo. Pero en Cristo espiritualmente el yugo es la ley de la caridad, como si leemos en Mateo, yugo es suave. Los lazos son las virtudes, esperanza, fe y caridad. Por tanto, concluye Tomás, no es posible que la conciencia del hombre deje de estar bajo elo de la ley de Cristo si antes no se rompen esos lazos, los lazos de la caridad y de las virtudes de las otras virtudes teologales. Y esto lo hacen, dice Tomás, aquellos que siguiendo el texto de Job le dicen a Dios, aléjate de nosotros, no queremos la ciencia de tus caminos. O como leemos en Jeremías, rompiste el lugo, rompiste tus ataduras y dijiste, "No servir, no serví." Aquí está la clave diabólica, por cierto, de esta rebelión, de esta apostasía de las naciones. Y frente a necesario una vez más levantar la bandera de Cristo Rey, proclamar oportuna e inoportunamente la realeza de este rey destronado Jesucristo, a quien se ha dado el reino, el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.